Saqueo y disciplinamiento social, eso han sido los años de “Cambiemos”. Saqueo para disciplinar y disciplinamiento para seguir saqueando.

Frente a la crisis capitalista que se inició en 2008, las clases dominantes a nivel global se han propuesto dos grandes tareas:

  1. extraer hasta la última gota de riqueza, producida hasta en el más oscuro rincón del planeta y concentrarla en el centro político-económico del sistema
  2. llevar adelante profundas y violentas reformas sociales, que les permita relanzar el crecimiento y perpetuar el dominio del capital sobre el trabajo.

Es en este programa que encaja el gobierno del Virrey MauriCEO. Su tarea fundamental ha sido garantizar las condiciones que permitan el flujo de la riqueza producida en Argentina – incluso por varias generaciones- hacia los centros imperiales. Para ello no ha sido necesaria una invasión militar, ni las formas coloniales de los siglo XVI-XIX, basta con las fraudulentas maniobras financieras que permitieron un flujo descomunal de riquezas hacia el exterior. Sólo en un país semi colonial se puede admitir que se contraiga deuda, para conseguir dólares, para que los fugadores seriales se los lleven.

La lógica saqueadora del gobierno de Garquemos sólo puede explicarse a partir de este esquema. Si no, resulta difícil comprender por qué más que un gobierno electo parece un ejército de ocupación, que destruye todo a su paso, que rompe hasta aquello que les podría llegar a servir. No se entiende por qué hace casi cuatro años que no paran de pegarnos por todos lados.

Saquean y disciplinan, disciplinan  y saquean.

El saqueo brutal, máquina de disciplinar

Varios millones, engañados/as en su buena fe, estaban esperando la “Pobreza Cero”, el país de las Maravillas con Alicia, el Conejo y todo. En cambio, han recibido tarifazos, despidos, devaluación, maltrato y gatillo fácil. Con la guardia baja, el golpazo les ha dejado tan abombados/as que hasta dudan si todavía no le meterían otro votito al Virrey. Otros/as cuantos/as, aun sabiendo que nada bueno se podía esperar, no han pasado un solo día sin sorprenderse: “¿No, “esto” también, hasta donde pueden llegar estos hijos de yuta?”. En definitiva, unos/as y otros/as, han sufrido el saqueo, y han visto cómo sus efectos golpeaban a sus amigos/as, familiares, vecinos/as, compañeros/as, etc. Incluso, varios/as de los/as otrora privilegiaditos/as, han tenido que admitir que les está doliendo el palazo. El equipo de los ganadores ha sido muy, muy estrecho. Íntimo.

Toda esta violencia – que así se llama- ha provocado severos trastornos sociales. Con su ejercicio, meticulosamente programado, se procura garantizar el saqueo de hoy y de mañana.

Con el desempleo, el hambre, los bajos salarios, la represión, la incertidumbre laboral, sanitaria, escolar, etc. procuran colocarnos en situaciones límites, desesperadas: en shock. Buscan afectar nuestra capacidad de decidir, provocar desesperación e idealmente, romper todos los lazos de solidaridad que nos unen por abajo. A partir de ahí van generando las condiciones para cristalizar en un nuevo “contrato social” las injusticias perpetradas. De esto se trata la disciplina social.

Por ello, hemos visto un intenso uso de lo que los milicos llamaban “guerra psicológica”. Con sus armas de confusión masiva, han llegado a convencer a un importante porción del pueblo de que verdaderamente nos merecemos vivir peor. Que necesitamos atravesar una serie de calamidades bíblicas, a causa de los supuestos “excesos” del ayer.

Esta violencia, material y simbólica, forma parte de la  acumulación originaria para producir transformaciones de mediano y largo plazo. Esta es la razón del comportamiento casi demencial del gobierno, que ha llegado a premiar el gatillo fácil, que se ha burlado de la familia de un desaparecido, que sigue prometiendo un segundo semestre y a diario desafía los límites de lo verosímil, de lo ridículamente mentiroso. Buscan enloquecernos, corrernos del eje. Crear un estado de shock, de miedo, de profunda incertidumbre: el reino de su “post verdad”.

Y ha sido tan duro ese proceso de disciplinamiento que hemos visto crudas escenas, donde se celebra la muerte, el desempleo y la persecución. Tan duro, que vimos un corrimiento general hacia la derecha, el conservadurismo, el sálvese quien pueda, el pragmatismo, el quietismo. Hemos tenido que ver cómo una parte muy significativa del campo del pueblo no sólo ha perdonado a los viejos verdugos, han ido más lejos: directamente fueron a pedirles perdón. Han ido a decirles que están dispuestos a hacer borrón y cuenta nueva. A tolerar una serie de males, a bajar  toda expectativa y esperanza de cambio profundo con tal de conseguir un respiro, una pausa en la abofeteada.

El disciplinamiento obtiene sus resultados. Ya sabemos que si nos portamos mal, vuelven los malos a castigar a los rebeldes que aspiren demasiado. La cadena disciplinaria se ordena de manera tal, que la amenaza de castigo llegue incluso desde quien tengas a tu lado: “No hagas, no digas, no critiques, que si no, no se van”.

Con el aula ordenada

Yo creo que, excepto que hagan fraude o perpetren alguna maniobra de terror social, el Virrey va a perder las elecciones. Tampoco hay que descartar, y menos en este país, alguna maniobra oscura. Pero si todo funciona más o menos “normal”, creo que ya es matemáticamente imposible que Garquemos gane. No nos olvidemos que en 2015  ganó de manera muy apretada: 2,8 puntos. Este año la sangría de votos ha sido descomunal en todas las provincias. Perdieron votos por todos lados, que no creo que puedan recuperar por ningún otro. Además, la unidad de todos los que se fueron y volvieron, pone a F-F en mejores condiciones que al motonauta menemista.

En tal caso, me pregunto. Si ganara la fórmula de el Presidenta ¿qué van a hacer con el saqueo perpetrado? ¿Con los derechos perdidos, con el nivel adquisitivo destruido? ¿Se montarán sobre el disciplinamiento de las expectativas, sobre la desesperación de que se vayan? Está clarísimo que de ganar el Virrey tendría carta blanca para profundizar la tarea iniciada. Por eso la pregunta.

Quizá es demasiado pronto para ese tipo de interrogantes. Lo que sí se puede decir es que al día de hoy no han desaprovechado la situación. El PJ, histórico partido del Orden (aclaro que hablo del Partido y no del Movimiento) ha logrado integrar, subordinar, subsumir una vastísima e inédita gama de movimientos políticos y sociales bajo su mando. Decía el querido Gramsci: “Los grupos subalternos sufren siempre la iniciativa de los grupos dominantes, incluso cuando se rebelan y se levantan. En realidad, incluso cuando parecen victoriosos, los grupos subalternos se encuentran en una situación de alarma defensiva”[1].

Supongo que los partidarios del “Neo Entrismo”, saben que el mando siempre ha sido único. Que el que pierde acompaña y con la Lealtad no se discute[2].

En Santa Fe, mientras nos azota una crisis social de dimensiones, Perotti hizo campaña bajo el lema “Paz y Orden”. Del hambre, la desocupación, los tarifazos… Nada. Tan parecido al “Orden y Progreso” de Julio A. Roca, que asusta. Orden, disciplina…

Mientras tanto, al movimiento más revulsivo y movilizado de estos últimos años, como no han podido disciplinarlo, están tratando de cooptarlo con algunos carguitos y guiño-guiño. A la vez que sacan consignas divisionistas para romper lo que quede por fuera. Por si no queda claro, me refiero al Movimiento de Mujeres y  disidencias.

Así las cosas.

Por eso, frente al panorama adverso que tenemos por delante, la rebeldía, la desobediencia y el pensamiento crítico se convierten en nuestras armas estratégicas. Ante el encuadramiento general que, por las buenas o por las malas nos ofrece el capital, debemos responder con la digna rabia, resistente, rebelde, insumisa de las y los de abajo.

¡Los/as eternos bárbaros/as, salvajes, maloneros/as, agitadores, cabecitas, ideologías foráneas, subversivos/as, piqueteros/as de la historia!

¡Frente al saqueo y la disciplina del capital, levantemos el sagrado derecho a la Rebelión!

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Notas

[1] Antonio Gramsci, “Apuntes sobre la historia de las clases subalternas. Criterios metódicos”.

[2] Ver El Estado Partido II

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