La crisis cíclica es el funcionamiento normal del capitalismo.
En su desesperada corrida de la acumulación
el sistema se tropieza tercamente con sus propias piernas.
De tanto correr sin plan
de tanto correr sin razón
de tanto convertir en oro, todo lo que toca
se desmorona de hambre y sed
cuando las góndolas más riquezas ofrecen.

La salida normal de la crisis es la violencia.
El lodo y la sangre:
el padre y la madre del capital
retornan triunfales a primera escena
cuando la oferta y la demanda no resuelven la depresión.

– La gran crisis de finales del S.XIX parió los monopolios,
el imperialismo y las neocolonias.
– El crack de 1929, parió la Segunda Guerra:
con sus 54 millones de muertos,
Europa devastada, Hiroshima y Nagasaki.
– De la crisis del petróleo surgió el neoliberalismo:
el hambre y la muerte que privatizó el planeta.

Es que la mano invisible sabe jalar el gatillo
cuando el libre juego encuentra un obstáculo.

La libertad, para los mercados
La democracia… del control remoto

En 2008 el “subprime” mostró una nueva crisis…
Desde entonces no hay brote verde que haya hecho primavera.
¿Cuánta sangre fresca necesitará el capital para sobrevivir?

Cada crisis es una oportunidad
Sentencia la burguesía
Y devora más trabajo, más planeta, más vida y diversidad.

Mientras,
la propaganda habla de capitalismos buenos
Organismos internacionales que cambiaron
Y derechas modernas, que aprendieron

El fascismo camina a paso redoblado

Cada crisis, una oportunidad…

Pero las crisis también parieron revoluciones.
Esa es la única pelota que pica en nuestra cancha.
Y la única oportunidad para la especie.
¿Hay equipo?

 

 Esta nota la escribí para Revista Mascaró Nº46, julio/agosto de 2018.

La ilustración es de George Grosz, "Eclipse de sol", Alemania, 1926