Antes de octubre un debate agitaba los mares del campo del pueblo. ¿Cómo frenar la ofensiva ajustadora antiobrera y antipopular del gobierno de los CEOS?
Desde un sector se “bajó la línea” que había que apostar a los votos. Que lo más conveniente era esperar a octubre y expresar nuestro descontento en las urnas. Darle una buena paliza electoral, sobre todo en Buenos Aires al macrismo, y de esa forma frenaríamos la ofensiva. Esta postura fue tan drástica que incluso se actuó de manera activa para desmovilizar en varias ocasiones, azuzando fantasmas de golpes y otras patrañas.
Por otro lado habíamos quienes, sin desdeñar la lucha electoral, sosteníamos que la única forma de frenar una ofensiva de esta envergadura era con el pueblo movilizado en las calles. Que la única forma que tienen los pueblos para impedir su miseria es ser protagonistas activos de las luchas sociales. Solamente en la calle, junto a miles hemos logrado conquistar derechos. Solamente en la calle, junto a miles hemos logrado impedir el avasallamiento de los mismos. Ningún parlamento, aunque tenga a la mujer maravilla, va a frenar por nosotras/os esta ofensiva del capital.
Ahora, con el diario del martes, con el triunfo electoral de Cambiemos en todo el país y el reformismo permanente en marcha, se va despejando la ruta y se ven más claros los dos lados del ring. La cúpula cegetista parece que ya transó, los gobernadores de todos los colores políticos transaron y todo parece listo para que una vez más, en nombre de la democracia, se aumente la explotación laboral y la miseria de las grandes mayorías del pueblo argentino.
Todos los sectores sindicales y políticos que conservan capacidad de movilización tienen una responsabilidad histórica. No podemos permitir más pifiadas, en esto se nos juega mucho.
¿Qué vamos a hacer? ¿De qué lado estás?
¡No hay tercera posición entre explotadores y explotados!
O salimos a la calle a oponernos, o somos parte del consenso del ajuste, la reforma laboral, el desguace del Anses, etc.
Como diría un himno metalero de las épocas menemistas, y que a su vez parafraseaba un clásico de los setenta:
“tenemos este camino,
sin más para elegir que
¡Oxidarse o Resistir!”