“…es un ciudadano sano, querido, reconocido por la comunidad, él debería estar con su familia, tranquilo…”[1] Mauricio Macri, 15 de septiembre de 2016

En 1651, el filósofo británico Thomas Hobbes, publicaba “El Leviatán” y con él se inventaba una buena forma de legitimar el despotismo. Según el pensador, antes del “pacto social”, que dio lugar a la formación del Estado, las sociedades humanas se caracterizaban por un estado de “guerra de todos contra todos”. La brutalidad, el asesinato, el robo y el caos formaban parte de la atmósfera social donde el “hombre era el lobo del hombre”. Frente a esta situación, según Hobbes, un buen día los hombres (¿y mujeres?) se decidieron a firmar un “pacto social”, que les permitiera vivir de acuerdo a determinadas leyes, y dieron vida al Estado. Como esos hombres eran malos y egoístas por naturaleza, ese Estado debía tener suficientes poderes como para controlarlos y dominarlos. Así, de manera voluntaria, los firmantes del pacto renunciaron al estado salvaje, y delegaron al Estado, necesariamente despótico (El Leviatán), la capacidad de reprimirlos y despojarlos de algunos derechos.

Como en el siglo XXI hace rato que hemos firmado tal pacto ficticio, y como al señor Leviatán a veces se le ha ido la mano y ha terminado siendo muchas veces peor que la enfermedad, las sociedades actuales son más renuentes a la cesión de derechos. Debe ser por eso, que los agentes del “despotismo analfabeto” del Virrey Mauricio I, buscan recrear en nuestras conciencias ese estado de “guerra de todos contra todos”. Para que firmemos un nuevo pacto con Leviatán, que nos dará la merecida paliza para recuperar el orden y la ley.

Porque si no buscaran eso no se podría entender cómo, las máximas autoridades de la dirección del gobierno, avalan que los ciudadanos tomen en sus manos las facultades que alguna vez habrían delegado al Estado: la justicia y la represión.

Porque si avalan la “justicia por mano propia” de carniceros, médicos o linchadores anónimos ¿Qué función vendría a cumplir el Estado? Y además, ¿para qué el Estado gasta fortunas, en policías provinciales, locales, federales, gendarmerías, prefecturas, cámaras de seguridad, juzgados, cárceles, correccionales, etc.? ¿Para qué???

Queda claro: promueven el caos, la anomia social, para luego tener legitimidad para imponer el orden a sangre y fuego.

Buscan provocar la guerra, para responder con violencia, pero además con el consentimiento mayoritario: con ¡tu consentimiento! (Con el mismo fin difunden también que el “extremismo islámico” tiene bases en Argentina[2])

Las armas ya las tienen, se vienen preparando desde hace varios años. Si no, mirá los datos que aportaba Revista Mascaró el año pasado:

“Durante los años kirchneristas, el presupuesto de la Policía Federal, la Gendarmería, la Prefectura y la Policía de Seguridad Aeroportuaria creció más del 800 %. La Gendarmería cuenta con 30.500 efectivos, el 70 por ciento más que en 2003, la Federal tiene casi 35.000, Prefectura tiene 18.000 (3 mil más que antes del gobierno de Néstor), y Seguridad Aeroportuaria casi 4000 policías. Según datos de Naciones Unidas del año 2014, Argentina es -proporcionalmente- el país con mayor cantidad de policías de América Latina: 558 cada 100 mil personas”[3].

 Ahora sólo falta que vos, que todavía desconfiás un poquito del Leviatán despiadado, que tiene entre sus medallas la desaparición de 30.000 conciudadanos, digas: – “no queda otra, “son ellos o nosotros”, “el que mata tiene que morir”, “hay que matarlos desde chiquitos”, “con los militares estábamos mejor” y otra serie de frasecitas que se instalan en tu conciencia, bombardeada a diario para que aceptes el asesinato y represión a mansalva de tus pares… Tal vez no te pusiste a pensar que podrían ser tus vecinos, tus conocidos, tus amigos, tus parientes, ¿o vos mismo? (los excesos del Leviatán)

Pero además, por los datos que citamos, resulta evidente que tanto milico no sirvió para solucionar ningún problema de “inseguridad”. ¿Los habrán multiplicado? ¿Por 800???

¡Es por eso que hace falta una guerra!…

Pero una guerra contra el militarismo, una guerra contra el sentido común fascista, una guerra contra la ignorancia, contra los prejuicios, contras las soluciones mágicas, contra los medios de incomunicación que disparan munición gruesa para aterrorizar a la población. (Además una guerra contra el hambre, la marginación, la injusticia).

Es difícil, y estamos en desventaja, pero cada uno/a desde su trinchera puede desactivar una bomba del odio social que propagan en masa.

Si están decididos a matar que no sea en nuestro nombre. Si están decididos a matar que no cuenten con nuestro mirar para otro lado.

Hay que impedir que el “Dejar hacer, dejar matar” del Virrey Mauricio, se convierta en un “Permiso para matar”.

¡Hay que impedir que se firme el pacto con el Leviatán del Virrey!

¡Hay que romper el silencio, la apatía, la desconfianza y salir a las calles a conquistar el derecho a la vida digna de todas y todos!

Leviatán Macri

facebook.com/lapalabracaliente/

[1] http://radiocut.fm/audiocut/macri-sobre-el-carnicero-que-mato-a-un-ladron/

[2]http://www.clarin.com/politica/Gobierno-posibles-amenazas-terroristas-Argentina_0_1618638269.html

[3] Agustín Santarelli, “Mucha Tropa”, Revista Mascaró #33, octubre/ noviembre de 2015,

http://revistamascaro.org/nota-central/mucha-tropa/

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