“La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica”.
K.Marx, “Tesis VIII”, Tesis sobre Feuerbach

Han pasado 6 meses de la asunción del Virrey Mauricio I y cada día que pasa se renueva la pregunta: ¿cómo carajo llegamos a que nos gobierne un tipo como este? Sobre todo porque el Virrey ganó las elecciones, en segunda vuelta, ajustada 51,4% a 48,6%, pero bien ganadas al fin. Además, en algunos de los distritos más grandes como Córdoba obtuvo el 71,51%, en Mendoza el 57,5% y en Santa Fe el 55,7%. Números que no pudieron revertirse con el apretado triunfo del FPV en la provincia de Buenos Aires de 51,1% a 48,9%; (donde además María Eu-Heidi Vidal se impuso sobre Animalito Fernández en las elecciones a la gobernación de la provincia más grande del país).

La pregunta sobre esta vuelta voluntaria al virreinato es inquietante, y se torna más enigmática y angustiante para quienes estaban convencidos/as que vivíamos la “Década Ganada”,  protagonizábamos la construcción de un “Modelo Nacional y Popular”, donde había millones de “empoderados/as” con plena conciencia de sus derechos. Incluso, la pregunta no ha sido menos replicada entre quienes desconfiábamos de la veracidad de esas tres afirmaciones. A fin de cuentas, Macri representa de manera muy transparente la ideología neoliberal, a los sectores más concentrados de la economía, una cultura elitista, colonizada, ultra patriarcal e ignorante (al menos para quienes analizamos la realidad con más elementos que las noticias de TN)

La mayor parte de las respuestas sobre las causas del triunfo virreinal, han puesto el énfasis en errores o problemas de orden político. Del kirchnerismo: “la soberbia”, “el desgaste”, “la traición” de Randazzo o el PJ, la “torpeza” de candidatear a Animalito para provincia de Buenos Aires, etc) o los aciertos tácticos de “Garquemos”: las  mentiras de campaña, la enorme ayuda de los grandes medios, etc. Incluso algunos, cegados por la bronca y el histórico macartismo, quisieron señalar a la izquierda como responsable de la derrota. En cambio, pocos han intentado comprender la cuestión desde una mirada más estructural y de mediano plazo del proceso. Es decir una mirada que atienda a las transformaciones económicas, productivas, a los procesos macro que se produjeron durante la última década.

Hay un elemento que es decisivo, y que nos conduce intentar analizar esos procesos más estructurales y  colocar las cuestiones de orden político e ideológico en un segundo plano. Un dato que a veces resulta incomodo para quienes leen la realidad en blanco y negro, pero que es real: los tres candidatos a presidente, con mayores posibilidades de ganarlas, tenían casi el mismo programa económico (con matices, pero a grandes rasgos el mismo):

  • devaluación,
  • quita o baja de las retenciones a las exportaciones agrarias,
  • arreglo con los fondos buitre,
  • eliminación (progresiva o inmediata) del denominado cepo al dólar,
  • vuelta a los mercados financieros,
  • eliminación o baja de los subsidios a los servicios.

Basta mirar las definiciones de campaña de los candidatos o revisar las noticias en las que los asesores económicos de Scioli (Miguel Bein y Mario Blejer[1]) expresan su acuerdo con las medidas económicas del actual gobierno. Mientras que Massa, directamente acompañó al Virrey a Davos (y Scioli estuvo a punto). Es decir que había algo de la realidad que los unía, más allá de las divergencias ideológicas y tradiciones políticas. Intentaremos deducir que era ese “algo”, y cómo sucedió que de venir ganando una década completa terminamos en “¿el retorno del neoliberalismo recargado?”.

Este ejercicio puede ser hostil, porque hay algunos que prácticamente sostienen que Macri cayó del cielo. Como el Virrey y su corte justifican sus cagadas hablando de la “pesada herencia”, mirar para atrás ¿podría hacerle el juego a la derecha?

Como no tenemos demasiada afinidad por las explicaciones mágicas y sí cierto aprecio por las ciencias sociales, y en particular la historia, nos veremos obligados a mirar unos años para atrás para explicar nuestro presente y el triunfo de la CEO-virreino-cracia.

Como también tenemos cierto afecto por algunos pensadores, que nos marcaron la cancha para que dejáramos de distraernos con los “espíritus”, citaremos algunas ideas que sirven para orientar hacia dónde va nuestra reflexión. Decían Marx y Engels “que las condiciones económicas son las que en última instancia determinan el desarrollo histórico”[2]. En “última instancia”, advertía Engels a los que ya tempranamente pretendían convertir la teoría marxista en un mero determinismo economicista. Pero, “determina”…en última instancia.

 “Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. Pero también desempeñan su papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición, que merodea como un duende en las cabezas de los hombres.”[3]

Es decir, siguiendo estas ideas, hombres y mujeres tenemos un lugar en la historia, hacemos la historia, pero no en un terreno abstracto. Hacemos la historia, pero no a nuestro “libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas” por nosotros mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que nos “encontramos directamente, que existen y que nos han sido legadas por el pasado”[4].

Los aspectos político, económico, social son inseparables, y se vinculan entre sí. Pero las transformaciones que se producen en las relaciones de producción, en la forma en que nos vinculamos con la naturaleza, en la manera cómo producimos nuestro diario sustento, tienen una importancia tal que “determinan”, en última instancia, la política, la ideología, las leyes, la  cultura, etc.

¿Quién ganó la década ganada?

 Siguiendo esta línea argumental nos preguntamos: ¿Cuáles fueron las formas fundamentales de producción en Argentina durante la última década? ¿Qué hay del modelo Nacional y Popular, o como lo definió Cristina: “modelo económico de acumulación con matriz diversificada e inclusión social”?[5].

A pesar del esfuerzo propagandístico, todos los estudiosos del tema, incluso varios simpatizantes del FPV, como el Página 12[6] o la CTA de Yasky, concluyen que durante la “década ganada” fueron predominantes dos grandes procesos: concentración y extranjerización.

Concentración: es decir el conocido “pez grande que se come al pez chico” y acumulación de la riqueza en pocas manos; y Extranjerización: es decir que cada vez más sectores de la economía son comprados y controlados por capitales foráneos.

Según datos provenientes de la Encuesta Nacional a Grandes Empresas del Indec. En el año 1993, de las 500 mayores empresas de la Argentina: 281 eran nacionales, 58 eran asociaciones (hasta un 10% de participación de capitales extranjeros) y 161 extranjeras. En 2008 las nacionales eran 162, las asociaciones 41 y las extranjeras 297. Es decir, en 15 años el único rubro que creció, y de manera considerable, fue el de las empresas extranjeras. Las nacionales eran 120 menos que en 1993, las asociaciones 17 menos, mientras que  las extranjeras eran 136 más.

Para tener una dimensión del peso económico de esa cúpula empresarial, sólo esas 500 empresas representaban en 2012 el 21,3% del PBI.

Este fenómeno de concentración y extranjerización rigió para todos los sectores económicos, de la industria, los servicios y el comercio. En todas las fracciones de nuestra economía se confirma el mismo proceso. Cualquiera que tenga más de 15 años de vida puede haberlo visto en los productos cotidianos que consume (desde galletitas, ropa, electrodomésticos) los servicios privados que contrata, las empresas de transporte en las que viaja, los supermercados donde compra, etc. La mayor parte de los productos y servicios que consumimos se producen o distribuyen a través de las grandes cadenas oligopólicas de origen extranjero y unos pocos grandes grupos económicos de origen nacional. Un ejemplo que influye de manera determinante en nuestra cotidianeidad es el de las cadenas de supermercados. En 1997 había 89 cadenas de supermercados, en 2014 se reducían a 68 (21 menos). Además sólo tres de esas 68 representan el 70% del total de las ventas del sector en el  rubro: Carrefour, Coto y Cencosud (que es dueña de Vea, Jumbo y Disco). Y las siete firmas más grandes venden, nada más ni nada menos que, el 58% del total de alimentos y bebidas de la Argentina[7].

Cabría preguntarse si esa realidad material de alta concentración y extranjerización son los cimientos para construir un “sujeto político nacional y popular”.

Más allá de la conciencia, está el “problemita” que las empresas extranjeras suelen remitir sus utilidades a sus países de origen, y por ende llevarse una buena parte de la riqueza producida en Argentina para afuera. Según el economista Claudio Katz: “Las multinacionales giraron al exterior más utilidades que durante el menemismo”[8].

Sumado a la buena costumbre del empresariado nacional y extranjero de fugar capitales. Alguna de las maniobras que se utilizan son más conocidas hoy, por el caso de los “Panamá Papers”, donde el mismísimo Virrey está implicado. Se trata de una larga tradición empresarial. Se calcula que durante los dos gobiernos de CFK se fugaron al exterior 81.962 millones de dólares. Es decir, serían unos 10.240 Josés López que, en vez de tirar valijas en conventos, las tiran en algún paraíso o cuenta secreta. Hay cálculos que sostienen que hay un total de 400.000  millones de dólares de argentinos en el exterior (50.000 José López). La ley de entidades financieras de Martínez de Hoz (1977) es una de las normas legales que facilita la fuga y movimientos libres de los capitales. CFK se negó expresamente a derogarla/cambiarla.

Hasta acá tenemos: concentración, extranjerización y fuga de capitales. Más allá de cualquier voluntad política son fenómenos estructurales reales, y que en última instancia podrían “determinar”… en última instancia. Seguiremos.

El yuyo verde (igual que un tango)

Entre el top 500 de las empresas más grandes se distinguen varias de capital nacional y extranjero dedicadas a la producción y exportación de oleaginosas: principalmente soja y sus derivados (aceite, harina, biodiesel, pellets) Según datos del INDEC 2014, las  del “complejo oleaginoso” suponían el 28,7% de las exportaciones argentinas, dentro de las cuales la soja era el 27,7%, el girasol 0,8% y el 0,2% otras.

Para que tengamos una noción de la relevancia de ese sector señalemos que en segundo término, y con varios puntos porcentuales menos, está el “complejo automotriz” con el 13,3% (industria hegemonizada por capital extranjero digamos de paso) los complejos cerealeros con el 8,8%, el petrolero-petroquímico con el 8% y los “complejos de origen bovino”, carne, cuero y lácteos 5,4%…(la lista sigue).

Es decir que casi el 30% de las exportaciones argentinas corresponden al “yuyo”, como lo llamó la ex presidenta en pleno conflicto con las patronales agrarias. Decía CFK en 2008, “la soja es, en términos científicos, prácticamente un yuyo que crece sin ningún tipo de cuidados especiales”. Y explicaba:

 “Para que ustedes tengan una idea, argentinos y argentinas, el glifosato, que es algo con lo que se bombardean las plantaciones de coca en Colombia o en la frontera con Ecuador para destruirlas, a la soja no le hace nada; es más, le hace bien porque le mata todos los yuyos que están alrededor”[9].

Ya que hablaba de bombas, podría haber contado también que el famoso glifosato es hijo directo del “agente naranja”, producto químico con el que los yanquis rociaban el territorio vietnamita para quemar la selva con todo lo que tuviera adentro… especialmente vietnamitas. Monsanto Corporation y Dow Chemical eran los principales proveedores del poderoso herbicida y defoliante al departamento de defensa estadounidense.

Justamente, la soja argentina no es un yuyo cualquiera, sino un yuyito que resiste bombas químicas, como bien explicaba la ex presidenta. Pero no las resiste por su propia naturaleza, sino que puede hacerlo porque las semillas han sido modificadas genéticamente. Supongo que ya es algo familiar: las llamadas semillas transgénicas (organismos genéticamente modificados).

Prácticamente el 100% de la soja en argentina es transgénica y resistente a los nietos del “agente naranja”. Se la llama SOJA RR y es propiedad de Monsanto, que es además la mayor semillera del mundo. Controla el 90% de las semillas transgénicas que se comercializan a nivel mundial (cosa que no resulta extraña sabiendo que abastecía al mayor complejo industrial (militar) de la mayor potencia bélica del planeta).

Ya dijimos que la Soja es el principal producto de exportación. No lo sorprendería si le dijese que el 60% de la superficie sembrada en la argentina está ocupada por el yuyo: ¡20 millones de hectáreas de desierto verde! Nuestro país tiene 34 millones de hectáreas cultivables y en 20 se ha sembrado soja transgénica. Esto no sucedió de un día para otro. En 1997 había 7 millones de hectáreas sembradas con soja, 14,5 millones en 2003, 18 millones en 2008 y llegamos a los 20 millones en 2015/16. Es decir, en dos décadas casi se ha triplicado, y ha pasado a ser el cultivo más importante de Argentina, por lejos.

En la producción del yuyo -que no crece sólo- se verifica en mayor escala la tendencia de extranjerización y concentración. Ya dijimos que la semilla las provee NonSanto y otras semilleras parientes cercanas, que cobran derechos y patentes por su uso, además de la venta del “venenito” para fumigar. El negocio de la soja está concentrado en tres grandes sectores:

  1. Los “pool de siembra”, que son grandes fondos de inversión que se ocupan de arrendar tierras, alquilar equipos y maquinarias (muy necesarios para las modalidades ultra modernas de la producción como la siembra directa) y nuevos paquetes de “venenitos” y semillas modificadas para producir a gran escala. Estos “pool” explican el 54% de la producción.
  2. Los proveedores de venenitos y semillas (Monsanto, Novartis, Dupont, Bayer)
  3. Las cinco grandes compañías exportadoras, que manejan el 90% de las ventas: Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera y Aceitera General Deheza.

El uso de los “venenitos” se ha extendido además a otros cultivos como el maíz, algodón, cítricos, frutales de pepita, vid, yerba mate, girasol, pasturas, pinos y trigo. Se estima que nuestro país es rociado por unos 375 millones de litros de glifosato cada año. Es decir que nos corresponden unos 8,9 litros de glifosato por año, por habitante. No está nada mal, porque el litro puro anda cerca de los 1.000 pesos. ¿Ojalá que llueva café? ¿pa’ qué?

Aunque todos los años salen funcionarios y empresarios a “desmentir/desmitificar” la toxicidad del glifosato, hay varios estudios serios que indican que el nieto del agente naranja no te mata inmediatamente, como el abuelo, pero que sus lluvias reiteradas son causales de cáncer y otra serie de enfermedades. En 2014 en varios periódicos de tirada nacional salió a la luz el “mapa del cáncer” en Santa Fe y Córdoba. La coincidencia entre zonas expuestas a las fumigaciones y el incremento de los casos son por demás sugestivas[10]. Además está el caso paradigmático del Barrio Ituzaingó en Córdoba, donde otras “Madres” se levantaron para impedir que las fumigaciones sigan propagando el cáncer, las enfermedades respiratorias y dermatológicas en su barrio[11].

Hay más…

Las formas modernas de producción y las jugosas ganancias que se obtienen sembrando yuyos, han movido la frontera productiva hacia zonas donde antes no podía sembrarse. Y es así que comienza a producirse, en gran escala, otro fenómeno con consecuencias ecológicas y sociales de grandes magnitudes: El Desmonte. Es decir: topadora, motosierra y fusiles avanzando sobre el monte virgen o sobre campos pertenecientes a comunidades indígenas y campesinas. Chaco, Formosa, Misiones, Santiago del Estero, Salta y Jujuy son escenarios de este avance de la frontera del “yuyal”. Una especie de “Conquista del Desierto” del Siglo XXI que, como su antecesora, deja muertos y expulsados para poder repartirse tierras. Ahora además se arrasa con la flora y fauna (como los yanquis en Vietnam).

En 1998, cuando se realizó el “Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos”, las selvas y montes de Salta, Chaco, Formosa, Santa Fe, Santiago del Estero y Córdoba sumaban unas 24 millones de hectáreas. Apenas ocho años después habían perdido casi el 10%.

Entre 1998 y 2006 la superficie deforestada fue de 2.295.567 hectáreas, lo que equivale a más de 250.000 hectáreas por año, 1 hectárea cada dos minutos. Para tomar alguna dimensión del desastre podemos decir que una cancha de fútbol profesional mide casi 1 hectárea.

En 2007, para intentar frenar este avance despiadado, y por iniciativa de grupos de oposición, se logró sancionar una “Ley de Bosque Nativo” (N° 26.331). Aun así en Salta seguía el desmonte. Entre 2008 y 2013 se desmontaron otras 358.723 hectáreas, de las cuales 112.000 estaban en zonas que debían protegerse.

Además de los bosques con su flora, fauna y biodiversidad irrecuperable, están las personas que los habitan. Sostiene Darío Aranda, un periodista especialista en el tema, que “sólo en diez años más de 200 mil familias fueron expulsadas de sus históricas chacras, con destino a los barrios de emergencia de las grandes ciudades”[12].

Cuando en 2009 se discutía la pobreza y marginación en Rosario, el líder del PS -Partido Sojalista- de Santa Fe, Hermes Binner, (quien por entonces tenía aspiraciones presidenciales) intentó tirar la pelota fuera de la cancha y casi hace un gol en contra. Decía tratando de defender su gestión:

 “…Fíjese que todos los barrios que se han armado en Rosario es gente que ha migrado, (…) vienen de otras provincias… Bueno vienen paraguayos y bolivianos ¿no? Pero básicamente son de las provincias argentinas. Acá tenemos barrios enteros de chaqueños, por ejemplo. Tenemos cuatro barrios extraordinariamente grandes de tobas, que vienen corridos porque la soja los desplazó de su terreno…”[13].

 En ese ejercicio de “tirarse los pobres” entre el gobierno nacional y el provincial, el líder Sojalista ponía el dedo en un hecho que, lejos de ser la principal causa de la pobreza y marginación de Rosario, era totalmente cierto.

Unos años después, Verbitsky, entre sus idas y vueltas de gran periodista y gran oficialista, publicó una nota con una reflexión interesante. La nota intentaba develar los motivos profundos que habían producido los motines policiales que tuvieron epicentro en Córdoba y Rosario, y que habían motivado saqueos, escenas de violencia y barbarie con “linchamientos” a jóvenes, incluido. En esa ocasión el “Perro” vinculó la desintegración de los lazos sociales con los modelos económicos productivos. Decía:

 “Estos estremecimientos se originan en los conurbanos de las provincias fundamentales del modelo productivo implantado desde mediados de la década de 1990 [Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba], con la tremenda polarización clasista y el desplazamiento de poblaciones…Los cultivos transgénicos resistentes a su correspondiente herbicida se extendieron hasta la puerta de las ciudades, desplazando población y otras producciones de la agricultura de subsistencia y provisión para el consumo y encareciendo el valor de la tierra urbana. La concentración y los altos precios internacionales produjeron un enorme excedente que se volcó a la inversión inmobiliaria…”[14]

 Un documental sobre el caso Rosarino, “Ciudad del Boom, ciudad del Bang”[15], del mismo año, también mostraba las estrechas relaciones que existen entre los fenómenos de narco criminalidad, con el “boom” inmobiliario y “boom” de la soja. Varias organizaciones han señalado también la coincidencia entre las redes de trata de mujeres y los caminos de la soja…

Los frutos de la soja, como vemos, no se cosechan sólo en las zonas rurales.

La base determina, en última instancia

A nosotros nos queda claro que la tierra sembrada con yuyos transgénicos no es apta para sembrar conciencias. Ni nacionales y populares, ni ningún tipo de conciencia social. La tierra sembrada de yuyo derrama veneno, derrama desmonte, exclusión y también mucha guita mal repartida. De esa torta, el Estado quiso tomar una porción para reparar algunos de los males que este sistema productivo genera. El problema es que el daño va más rápido que las medidas tibiamente reparadoras. El dolor, la muerte, la exclusión, la miseria, la brecha entre fortunas infinitas y pobrezas inconcebibles, son el barro donde fermentan el fascismo, la barbarie, el sálvese quien pueda…el macrismo.

No alcanza la Asignación Universal por Hijo, el matrimonio igualitario, Canal Encuentro, Paka Paka, las cooperativas, la revitalización parcial de cierta industria, la fallida ley de medios, los juicios a los genocidas. Son como 6 mosquitos picando un elefante. No pueden contrarrestar los efectos estructurales del modelo agro sojero. Es como sacar agua con cucharita de un titanic que se va a pique. Y sobre todo, no alcanzan los discursos. No alcanza la irreverencia, la oratoria encendida, el tercemundismo reciclado. Tampoco alcanza si se nacionaliza parcialmente YPF para entregársela a Chevron, nieto de la Standard Oil, para que saque petróleo utilizando el sistema “fracking”[16]. Otra forma altamente contaminante, expulsora de comunidades y causante de enfermedades (después de 10 años de permitir que Repsol vaciara los pozos convencionales).

No alcanza, si las más de 70 mineras instaladas bajo la gestión Kirchnerista (al amparo de la Ley de minas menemista) dinamitan la cordillera entera y tiran cianuro a nuestros ríos para explotar nuestros recursos.

Y mientras a los pueblos de Catamarca y La Rioja se los trataba de “falsos ambientalistas” por defender sus cerros, CFK se reunía con el gerente de la mega minera Barrick Gold. En septiembre de 2015 una mina de esa firma derramó ¡1 millón de litros de cianuro! en un río de San Juan. Ya no pueden quedar dudas que la lucha es de la vida contra la muerte[17]. Del cianuro y la dinamita no puede germinar la conciencia nacional y popular. O brota la rebeldía o brota el fascismo (la muerte). Me pregunto: ¿A quien defendía “El Proyecto”?

Aun así, no afirmamos que el Kirchnerismo buscó deliberadamente que la estructura económica se extranjerizara, concentrara, contaminara. Su programa incluía la creación de un “capitalismo nacional” y “un modelo económico de acumulación con matriz diversificada e inclusión social”. En otro escrito hemos señalado el carácter utópico, en el sentido literal de la palabra, de ese proyecto. También sostuvimos allí, que un modelo de inclusión basado exclusivamente en el consumo podía generar despolitización, potenciar el individualismo y generar conformismo: caldo de cultivo de las derechas[18]. Diremos además que los paradigmas del empresario nacional kirchnerista fueron, el ultra linchado por los grandes medios, Lázaro Báez (rey de la obra pública) y Cristóbal López, rey de los casinos[19].

Y afirmamos: es imposible la convivencia de cualquier programa político económico con las tendencias decisivas y agresivas del agro negocio, la mega minería, el fracking y los grandes monopolios industriales y financieros. No existe una tercera posición entre la vida y la muerte. No hay reparación compensadora que  pueda atenuar los mega-desastres humanitarios, ambientales y sociales que estas dinámicas macro económicas suponen.

El “Che”, que por supuesto no quería construir ningún capitalismo nacional, sino que intentaba construir el socialismo, en una isla a 150 kilómetros de la mayor potencia mundial y militar del planeta, advertía sobre los peligros que contenía la sola subsistencia de “la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca” del desarrollo. En un país que había estatizado las grandes empresas, (y las pequeñas y medianas), el 99% de la tierra, el comercio exterior e interior, etc. Sostenía que “la base económica”, si se basaba en estímulos puramente materiales, haría paulatinamente un “trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia” que podía revertir el proceso[20]. ¡Un proceso revolucionario y socialista! Imagínese, querido lector, el trabajo de ¡retroexcavadora! que hacen sobre la conciencia todos los fenómenos descriptos.

Y si en vez de combatirlos, proponemos al pueblo mirar para otro lado, incluso condenar a los falsos ambientalistas. Si en vez de combatirlos, rebatimos cualquier argumento señalando la parte ¿medio llena? del vaso, o ponemos el acento en los buenos discursos o aquello que pudo repararse, lo más probable es que esas tendencias, esas poderosas tendencias, que explican los grandes movimientos económicos, sociales y también políticos, acaben determinando -en última instancia- y den sustento a la (ya no tan sorpresiva) aparición del Virrey Pro yanqui, Pro soja, Pro trasnacionales, Pro megaminería, Pro fuga de capitales, Pro muerte.

Es que no hay tercera posición entre la vida y la muerte. No es posible mirar para otro lado. No es posible construir en paralelo, aliviar, compensar o tapar el sol con las manos.

El Virrey Mauricio no cayó del cielo, brotó de una tierra bien preparada, fumigada, espoleada, extranjerizada, concentrada. Fértil para que broten las semillas putrefactas del capitalismo transgénico, transnacional, predador y contaminante del fascismo Pro imperialista.

Enfrentarlo es también enfrentar las causas de su origen. Por ende no será tan fácil como “abrazarse hasta que vuelva” y “resistir con aguante”.

¡Hay que construir una alternativa a la muerte! Y no la podremos hacer con las armas melladas que nos legara el “capitalismo serio-nacional y popular”.

Deberá ser, como decía Mariátegui, “creación heroica”[21]: tarea de quienes, con nuestras manos y mentes, protagonizamos la construcción de la verdadera historia. En estas condiciones concretas, en estas condiciones políticas, e incluso con nuestras tradiciones, que siguen merodeando, como duendes, nuestras cabezas.

como llego ahi CCev

Ilustración: Claudio Ceverino

Descargar en PDF

facebook.com/lapalabracaliente/

Notas

[1] Por ejemplo: http://www.infobae.com/2016/01/14/1783091-un-asesor-daniel-scioli-admitio-que-hubiera-aplicado-las-mismas-politicas-economicas-mauricio-macri/

[2] Friedrich Engels, Carta a W. Borgius, 25 de enero de 1894. [https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e25-i-94.htm]

[3] Friedrich Engels, Carta a J.  Bloch, 22 de setiembre de 1890. [https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm]

[4] Karl Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, 1852. [https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm]

[5] Cristina Fernández de Kirchner, 10 de Diciembre del 2007. [http://www.casarosada.gob.ar/informacion/discursos/16462-blank-35472369]

[6] Por ejemplo http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/33-7183-2013-10-20.html

[7] http://asu.org.ar/

[8] Claudio Katz,  “La economía desde la izquierda I: Coyuntura y ciclo”, 2014. [http://katz.lahaine.org/?p=225&print=1]

[9]https://es.wikisource.org/wiki/Discurso_de_Cristina_Fern%C3%A1ndez_el_31_de_marzo_de_2008

[10] http://www.lavoz.com.ar/interactivo/el-mapa-del-cancer-en-cordoba-y-santa-fe

[11]http://www.darioaranda.com.ar/2009/01/el-veneno-que-asolo-el-barrio-de-ituzaingo/

[12] http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/101594-32004-2008-03-31.html

[13] http://www.comambiental.com.ar/2013/09/binner-pobreza-soja-y-desplazados.html

[14] http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-235202-2013-12-08.html

[15]https://youtu.be/si952Ed7Vu0

[16] https://youtu.be/RPDtD0lP1l0

[17] Luego quedó demostrado que no había sido el primero. http://www.infobae.com/2016/03/27/1799738-hubo-otros-tres-derrames-cianuro-la-barrick-gold-que-no-se-hicieron-publicos/

[18] “El Fracaso del Consumismo Nacional con Inclusión Social. (Las verdaderas causas de la fiebre amarilla)” [https://lapalabracaliente.wordpress.com/2015/12/04/el-fracaso-del-consumismo-nacional-con-inclusion-social-las-verdaderas-causas-de-la-fiebre-amarilla/]

[19] Se puede leer alguno de los trabajos de Alejandro Gaggero, Martín Schorr y Andrés Wainer que estudiaron seriamente el tema: [http://chequeado.com/el-explicador/kirchnerismo-y-grupos-economicos/]

[20] Ernesto Che Guevara, “El Socialismo y el hombre en Cuba”, 1965. [https://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm]

[21] José Carlos Mariátegui, “Aniversario y balance”, 1928.[ https://www.marxists.org/espanol/mariateg/1928/sep/aniv.htm]

Anuncios